un dolor de metales derretidos
entre mis dedos
sobre las palmas de mis manos
y hasta más arriba de mis muñecas
me recorre hasta alcanzar la altura de mis hombros
a pesar de eso voy y vengo
de mi escritorio de espasmos
al sueño de mis viajes
me despiertan lunas muy pequeñas
pero de un resplandor perseverante
me encuentran en umbrales de otra época
y me pregunto si acaso me confunden
con otro amante de sus noches
así de pronto hablan conmigo
sabiéndose libres y espontáneas
aunque compañeras de mi celda
donde creo verlas
tan desnudas como ayer
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